
El calentamiento global continúa mostrando señales que exigen mirar más allá de una sola cifra. El reciente récord de temperatura global, la consolidación de un nuevo episodio de El Niño y la creciente posibilidad de un sobrepaso temporal de los 1,5 °C plantean un escenario en el que cada fracción adicional de calentamiento importa. Para la industria, comprender estos cambios también implica revisar cómo producimos, utilizamos energía y gestionamos nuestros recursos.
Agosto de 2026 volvió a colocar al cambio climático en el centro de la conversación global. De acuerdo con el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), la temperatura media del aire en superficie alcanzó los 16,96 °C, aproximadamente 1,65 °C por encima del promedio estimado para el período preindustrial 1850–1900.
Con ello, agosto de 2026 se convirtió en el agosto más cálido registrado en el conjunto de datos ERA5 y en uno de los meses más cálidos observados globalmente. También fue el primer mes desde noviembre de 2025 en registrar una anomalía superior a 1,5 °C respecto del nivel preindustrial.
¿Qué significa superar el límite de 1,5 °C de calentamiento global?
Cuando se habla del objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C es fácil imaginar este valor como una frontera: antes de cruzarla estaríamos en un escenario y, después, en otro completamente distinto. Sin embargo, el sistema climático no funciona de manera tan simple.
Los riesgos climáticos aumentan progresivamente a medida que sube la temperatura global. Por eso, un calentamiento de 1,6 °C no implica los mismos riesgos que uno de 1,8 °C o 2 °C. Cada fracción adicional de grado importa, ya que puede intensificar los impactos sobre las personas, los ecosistemas y la infraestructura. Esto también significa que superar temporalmente los 1,5 °C no hace irrelevantes los esfuerzos por limitar el calentamiento. Por el contrario, reducir cada incremento adicional puede contribuir a disminuir la magnitud de los impactos y riesgos futuros.
Precisamente sobre este punto, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señaló que, bajo las políticas actuales y distintas trayectorias de corto plazo, el sobrepaso de 1,5 °C es considerado ampliamente inevitable. Este escenario introduce un concepto cada vez más relevante: el overshoot o sobrepaso temporal.
¿Qué es el overshoot climático?
El overshoot describe una trayectoria en la que el calentamiento global supera temporalmente un determinado nivel, en este caso 1,5 °C, alcanza posteriormente un máximo y, mediante reducciones profundas de emisiones y eventualmente emisiones netas negativas de CO₂, logra descender.
Fuente: Adaptado de PNUMA (2026), Limiting Overshoot: Navigating exceedance of 1.5°C and pathways towards return, Figura 1.1.
Pero no todos los escenarios de overshoot tienen las mismas consecuencias. El PNUMA identifica dos variables particularmente importantes: qué tan alto llega el calentamiento y cuánto tiempo permanece por encima de 1,5 °C. La evidencia evaluada por el organismo muestra que un pico de calentamiento mayor y períodos más prolongados de sobrepaso están asociados con mayores riesgos para las personas y la naturaleza. Por eso, hablar de un eventual sobrepaso no significa que reducir emisiones haya perdido sentido. Ocurre exactamente lo contrario. La prioridad pasa a ser limitar tanto como sea posible la magnitud y la duración del calentamiento adicional, mientras mitigación y adaptación avanzan de manera simultánea.
El Niño se intensifica sobre un planeta que ya se está calentando
A esta tendencia de largo plazo se suma actualmente otro fenómeno: El Niño. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que el episodio de El Niño se encuentra consolidado y se espera que continúe fortaleciéndose, con una probabilidad cercana al 100 % de que el episodio persista hasta febrero de 2027, con un posible máximo hacia finales de 2026.
Aquí es importante diferenciar dos procesos.
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El cambio climático antropogénico representa una tendencia de largo plazo asociada principalmente al aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
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El Niño, por su parte, es la fase cálida del fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS), un patrón natural de variabilidad climática relacionado con cambios en las temperaturas superficiales del Pacífico tropical y en la circulación atmosférica.
Un episodio intenso de El Niño puede modificar temporalmente los patrones de temperatura y precipitación en distintas regiones y aumentar el riesgo de fenómenos como calor extremo, sequías o inundaciones. En un planeta cuya temperatura media ya es mayor que durante el período preindustrial, esta variabilidad natural ocurre sobre una línea de base climática diferente. Esa interacción ayuda a comprender por qué analizar únicamente la temperatura atmosférica resulta insuficiente.
¿Qué significa este escenario para el Perú?
El Perú concentra aproximadamente el 68 % de los glaciares tropicales del mundo, pero ha perdido alrededor del 56 % de su superficie glaciar en las últimas seis décadas, según el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM).
Fuente: INAIGEM (2023), Inventario Nacional de Glaciares y Lagunas de Origen Glaciar, Figura 4.
Su importancia va mucho más allá del paisaje: los glaciares andinos proveen agua, directa o indirectamente, a aproximadamente el 62 % de la población peruana y cumplen un papel especialmente relevante durante los períodos secos. Por ende, su retroceso puede modificar la disponibilidad de agua, afectar los ecosistemas de montaña y aumentar determinados riesgos asociados a las lagunas de origen glaciar. Entre los factores vinculados a este proceso, INAIGEM identifica el aumento de la temperatura, cambios en las precipitaciones, la presencia de carbono negro y la variabilidad climática.
Así, un fenómeno global como el cambio climático termina generando impactos profundamente locales, con implicancias que también alcanzan a las actividades productivas.
Cambio climático y fundición: el reto de transformar cómo producimos
La industria tiene un papel relevante en la transición hacia una economía de menores emisiones. Este proceso no depende únicamente de cambiar las fuentes de energía, sino también de identificar impactos, medirlos y desarrollar alternativas para reducirlos progresivamente.
En una fundición, el desafío tiene características particulares: la transformación de metales requiere procesos intensivos en energía, pero también ofrece importantes oportunidades de circularidad, ya que los metales pueden recuperarse, volver a fundirse y reincorporarse a nuevos ciclos productivos.
Por ello, aspectos como la eficiencia energética, la electrificación, la gestión de emisiones y el aprovechamiento de materiales pueden abordarse de manera complementaria. En Fundición Ferrosa, estos elementos forman parte de una gestión ambiental que se integra progresivamente a la operación.
¿Cómo se integra este enfoque en Ferrosa?
Medimos nuestra huella de carbono
Medimos nuestra huella de carbono desde 2019 y la verificamos desde 2021, lo que nos permite identificar fuentes de gases de efecto invernadero, hacer seguimiento a nuestras emisiones y evaluar oportunidades de reducción.
Impulsamos la eficiencia energética
Operamos con hornos eléctricos de inducción y, desde 2020, monitoreamos indicadores de consumo y desempeño energético para identificar oportunidades de eficiencia en nuestros procesos.
Avanzamos en electrificación
Incorporamos progresivamente alternativas eléctricas en reemplazo de equipos que utilizan combustibles fósiles. Entre las medidas implementadas se encuentran los calentadores eléctricos de cucharas, vehículos eléctricos y acciones de movilidad sostenible.
Aplicamos principios de economía circular
Utilizamos chatarra ferrosa como materia prima para fabricar nuevas piezas y trabajamos en la recuperación de piezas fundidas al final de su vida útil para reincorporarlas a la cadena productiva. Desde 2020, avanzamos en la incorporación de principios de economía circular a nuestro modelo.
Gestionamos y valorizamos nuestros residuos
Gestionamos residuos peligrosos, aprovechables y RAEE mediante operadores y alianzas especializadas, mientras evaluamos nuevas alternativas de valorización. Además, optimizamos nuestros procesos para aprovechar mejor los insumos y reducir la generación de retornos y escorias.
Estas iniciativas se desarrollan dentro de un Sistema de Gestión Ambiental certificado bajo ISO 14001:2015 desde 2025, que contempla el control de aspectos e impactos ambientales, requisitos legales, riesgos y oportunidades, además de monitoreos ambientales y de emisiones.
Cambio climático e industria: transformar los procesos para reducir emisiones
El escenario climático actual deja una idea clara: cada fracción de calentamiento que pueda evitarse sigue importando. Ante la posibilidad de un sobrepaso temporal de los 1,5 °C, el desafío es limitar su magnitud y duración, acelerar la reducción de emisiones y fortalecer la capacidad de adaptación.
Para la industria, este escenario implica avanzar en distintos frentes: medir emisiones, mejorar la eficiencia energética, electrificar procesos, mantener materiales en circulación y reducir residuos, utilizando información que permita tomar mejores decisiones.
La transición hacia procesos de menores emisiones no depende de una única solución, sino de múltiples decisiones que, de manera progresiva, transforman la forma en que producimos.



